
Analisis
El cambio clave es que la energía ya no se percibe como un costo fijo, sino como una variable que puede afectar directamente la operación y la rentabilidad de las empresas. Esto explica por qué algunas decisiones de inversión pueden ralentizarse, especialmente en sectores intensivos en energía como la minería, donde los costos pueden volverse impredecibles
El incremento en los precios del gas y los combustibles ha elevado el nivel de riesgo energético en el Perú, afectando a diversos sectores productivos.
Según especialistas, la energía ha dejado de ser un costo operativo estable para convertirse en un riesgo estratégico que puede influir en la continuidad de los negocios.
Los sectores más afectados son la minería, la industria pesada, el transporte y la logística, debido a su alta demanda de energía y dependencia de combustibles.
En el caso de la minería, el costo energético puede representar entre el 20% y el 40% del total de costos, lo que impacta directamente en la viabilidad de los proyectos.
Además, la matriz energética peruana presenta una alta concentración en gas natural, lo que incrementa la vulnerabilidad ante crisis internacionales y variaciones en los precios.
Ante este escenario, las empresas están incorporando el riesgo energético en sus planes de continuidad de negocio, buscando mitigar impactos mediante diversificación de contratos de energía y proyectos de autogeneración.
Especialistas recomiendan fortalecer la gestión de riesgos, implementar comités de crisis y desarrollar estrategias que permitan asegurar la continuidad operativa frente a escenarios adversos.